Son numerosos los testimonios de los visitantes ocasionales de Tánger, de turistas, y de sus propios habitantes, a los que les ha llamado la atención o han observado como la municipalidad no hace lo suficiente para contribuir a mejorar la imagen del centro de la ciudad, la ciudad histórica.
No se está facilitando absolutamente nada para que los posibles inversores, o la misma propiedad del Gran Teatro Cervantes, el Estado Español, se atrevan o decidan pensar en evaluar y tomar alguna decisión al respecto de su rehabilitación como patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad, así como espacio cultural para disfrute de sus habitantes.

El estado de abandono del Teatro, unido al estado de basurero de su entorno, en pleno centro de la ciudad, plantea a cualquiera que lo aprecie sin esfuerzos que desde la municipalidad se está deliberadamente creando una situación insostenible, con fines siempre turbios.

En cualquier otra ciudad sería imposible imaginar el avanzado estado de degeneración que padece todo el barrio entre el Boulevard Pasteur y la Corniche, conocido como Barrio Español, dónde proliferan las basuras en las calles, la falta de limpieza e higiene, los solares abandonados, y la invasión de ratas que campan como ciudadanas más de la ciudad. Hablo de calles y edificios a escasos dos minutos andando del Boulevard. Toda la zona está como el Teatro: en estado de absoluto abandono.

De esta forma no se obra para la ciudad, ni para sus habitantes, ni se favorece la inversión en la ciudad histórica, para que esta vaya tomando otro rumbo evolutivo que el padecido en los últimos años.

Toda esa falta de actuación deliberada es incluso nociva a los intereses del plan recientemente presentado por el Rey Mohammed VI. Demuestra muy poca voluntad por parte de la municipalidad respecto a los deseos del monarca, a las necesidades del municipio, y a sus habitantes. Está siendo gravemente perjudicial para la ciudad de Tánger que es eminentemente una ciudad histórica, y evidentemente turística. Es una forma clara de provocar la insatisfacción del turista e impedir que vuelva a Tánger. No olvidemos que un turista insatisfecho provoca más efecto contrario que muchas campañas promocionales. ¿Que pasará con esos grandes hoteles de 5 estrellas cuando queden vacíos sin turistas? Al turismo hay que mimarlo, hay que conservarlo, y la actuación de la municipalidad es absolutamente insuficiente y perjudicial.

Estamos viviendo tiempos convulsos dónde se está tomando consciencia en muchísimos lugares, y Tánger no tiene porqué ser diferente, en pedir cuenta a los que ejercen los mandatos políticos, a los elegidos, que cumplan con la misión de contribuir a la mejorar de la vida de la ciudad, y de sus habitantes. La política ha de ser vocacional, sólo hay que comprender, respetar y exigir el sentido y valor original de la palabra “política” = “lo que es de los ciudadanos”.

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