Estrés, causas y efectos en nuestra salud

Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible – Dicho Cordobés.

El estrés es el conjunto de procesos que se desencadenan cuando nos encontramos en una situación que percibimos como una amenaza directa o que desborda nuestros recursos, y en contra de lo que podamos pensar, no siempre se desencadena por estímulos amenazantes. (enamorarnos o la presión de cumplir ante un nuevo trabajo también pueden causar estrés) ni tiene consecuencias negativas (puede conducir a la puesta en marcha de nuevos recursos personales, lo que aumenta nuestra autoestima e incrementa las posibilidades de éxito de cara al futuro) Cuando nos encontramos con una situación estresante, nuestro cuerpo está adaptado para responder, o bien luchando contra ella, o bien huyendo de la misma.

El hipotálamo

Una pequeña pero importante parte del cerebro, activa una especie de alarma en la cual se combinan señales nerviosas y hormonales: los circuitos nerviosos aumentan la sensación de alerta, hacen que centremos nuestra atención en la causa de estrés y devalúan sensaciones como dolor, hambre sueño e incluso deseo sexual. Las glándulas suprarrenales reciben la orden de liberar Adrenalina (eleva la presión sanguínea y el ritmo cardíaco) y Cortisol (aumenta los niveles de glucosa principalmente, y de otros carbohidratos y grasas en sangre, y sobreactiva la respuesta de nuestro sistema inmune).

Es decir, nuestro organismo se dedica a tratar de enviar masivamente combustible a nuestros músculos mientras que las actividades de mantenimiento y reparación se paralizan. Los músculos se tensan, nuestra respiración se acelera, el proceso digestivo se detiene, se anulan necesidades “superfluas” (hambre, sed…), el cerebro entra en estado de máxima alerta y los sentidos se agudizan.

La reacción del cuerpo al estrés.

A corto plazo, puede ser muy beneficiosa, ya que mantiene la homeostasis (el balance interno) y fortalece el Sistema Nervioso Simpático, y cuando la amenaza desaparece, esta alarma se desactiva rápidamente, nos relajamos y todo vuelve a la normalidad. El problema se da cuando estas situaciones estresantes se alargan en el tiempo, de manera que la constante sobreexcitación nerviosa y sobreproducción hormonal acaba desgastando y deteriorando nuestro organismo.

Estrés y salud

Las relaciones entre estrés y salud han sido ampliamente estudiadas, y aunque a veces estas han sido maximizadas e incluso mal interpretadas, actualmente podemos afirmar, sin lugar a dudas, que el estrés puede generar y genera diferentes problemas de salud, bien de forma directa, o bien de forma indirecta:

1.Forma directa: Es el principal causante de trastornos psicológicos y otras alteraciones del estado cognitivo del sujeto (depresión, ansiedad, problemas para dormir…), estando presente en la mayoría de las psicopatologías, debilita el Sistema Inmunológico (lo que nos hace mucho más vulnerables a las infecciones, pudiendo incluso acelerar el proceso de una enfermedad ya crónica), causa trastornos gastrointestinales (úlceras, colitis y otros problemas intestinales), respiratorios (hiperventilación, empeoramiento en casos de asma…), influye en problemas cardiovasculares (hipertensión, taquicardia, enfermedades coronarias) y empeora otros síntomas y enfermedades como cáncer, diabetes y lipemias.

2. Forma indirecta: Estimulando la realización de conductas nocivas (alcoholismo, drogadicción, procrastinación, trastornos alimentarios, intentos de suicidio…) y causando trastornos sexuales (impotencia, vaginismo, alteraciones en el deseo) y de memoria.

¿Cómo prevenir y combatir los efectos nocivos del estrés?

Aunque nos parezca mentira, EL ESTRÉS ES NECESARIO, ya que es la fuerza que nos empuja a avanzar y madurar. La clave está en aprovechar esa sobreexcitación psico-fisiológica para nuestro beneficio y en saber detectar cuando dicho estado de estrés se repite demasiado frecuentemente y de forma totalmente inútil, haciendo peligrar nuestro bienestar físico y anímico. A veces resulta necesario analizar la forma en la que estamos evaluando la situación y cómo nos enfrentamos a ella.

Una serie de consejos son:

1. Intenta pensar siempre en positivo: Hasta de la circunstancia más mala podemos aprender nuevos métodos y vías de enfrentarnos a la vida. Es imprescindible aprender a ser conscientes de los recursos de los que contamos para afrontar y combatir las situaciones que nos resultan estresantes, así como darle a las mismas el valor y la importancia justas, sin caer en la dramatización, victimismo y desesperanza.

2. Mantengamos nuestra autoestima bien alta: Recordemos el famoso refrán cordobés “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”, lo que se resume en: ¿Tiene solución? Pues ponte a ello y despreocúpate. ¿No tiene solución? Pues a otra cosa, no pierdas tu tiempo.

3. Aprende a controlar las reacciones de tu organismo: Antes las situaciones que te causen estrés; existen distintas técnicas de relajación física y mental; haz ejercicio regularmente, controla la respiración, realiza actividades placenteras, como pasear, dibujar, observar paisajes de nuestro agrado p escribir cómo nos sentimos en ese momento para hacer un posterior análisis introspectivo más tarde y así encontrar la forma más idónea de salir del paso.

4. Pide ayuda o apoyo si resultara necesario: Tanto por parte del núcleo familiar, como amistades, como por el de profesionales de la salud.

En resumen, existen determinadas características que parecen protegernos contra el estrés, y la gente que las posee suelen ser más comprometidas, creen en sí mismos, reconocen sus metas y límites, son más flexibles y tolerantes, más responsables, y en definitiva, más felices.

¿Y tú, vas a dominar tu vida o vas a dejar que ella te domine a ti?

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