Tanger: Los años dorados

Paul Bowles murió en , en 1999. Fue el último representante de una generación de escritores e intelectuales europeos y americanos que eligieron esta ciudad para vivir, amar, escribir, y sentirse libres. En 1947, Bowles y su esposa Jane Auer, viajaron a Marruecos. Bowles  se estableció en la ciudad desde 1952 hasta su muerte, sin apenas abandonarla. En su casa de Tánger recibía a sus amigos,  entre ellos a los escritores de la generación beat, que vagabundeaban por el mundo y por las autopistas perdidas de los EEUU. Willam Burroughs y Jack Keruac, fumaron en Tánger la pipa de la paz.

Todos ellos y muchos más encontraron en esta ciudad la pasión creativa que les inspiraba esta ciudad  cosmopolita, y tolerante, refugio de perseguidos y exiliados

En los años 30, Tánger era una ciudad internacional donde se mezclaban maravillosamente el exotismo de una ciudad típicamente marroquí, con la abigarrada presencia de viajeros y residentes de cualquier parte del mundo, creando una atmósfera única e irrepetible.

Gertrude Stein fue también una admiradora de la ciudad, y recomendaba como ineludible visitar Tánger. Por  allí pasaron casi todos:  Tennessee Williams, Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Borroughs, Gore Vidal, Gregory Corso, Djuna Barnes, Genet, Miller, o Cedil Beaton. Subían hacía el café Hafa, sobre los acantilados, y contemplaban los atardeceres sobre el estrecho fumando pipas de kif.

En este sentido Paris y Tánger fueron dos puntos de fuga para numerosos intelectuales que recalaron por diversos motivos en una o en la otra. Tánger fue durante la década de los años 50, la capital del mundo. Su halo de ciudad mágica y libre, llega hasta los años 60, cuando fue redescubierta por el movimiento hippy.

Las décadas de los 30, 40, 50 fueron los años dorados de Tánger, cuando la ciudad proyectaba al mundo la imagen de ciudad permisiva y libre, punto de encuentro de intelectuales y artistas, que le confería un refinamiento muy particular, con su ambiente liberal y cosmopolita, repleta de cafés y bulevares por donde paseaban personas de la más diversa procedencia.

Las noches de Tánger eran mágicas

Era una ciudad llena de vida. Desde lujosos restaurantes, hasta los más diversos night-clubs, donde oir jazz, boleros, música orquestal… según los gustos. Era una especie de babel donde se mezclaban todas las razas y se hablaban todas las lenguas.

Viajeros y artistas hicieron de Tánger un lugar de encuentro. Tánger se convirtió en una ciudad excéntrica, diversa y multicultural, donde múltiples culturas y personas de diferente origen convivieron armónica y pacíficamente en un entorno de tolerancia.

Tánger fue y es una ciudad donde se cruzan las tres culturas que la habitan: musulmana, judía y cristiana. Posee una influencia internacional muy marcada, y una arraigada leyenda literaria y artística que se forjó precisamente en su época dorada.

Fue una ciudad con un status internacional, reconocido por todas las potencias, hasta la independencia de Marruecos. Llamada por los árabes Tanjah, alcanzó su máximo esplendor en los años 50. Durante esos años Tánger fue visitada por toda una pléyade de creadores y artistas de todo el mundo. Antes hemos citado a algunos, pero no nos podemos olvidar de André Gide, Truman Capote, Juan Goytisolo, Samuel Beckett, pintores como, Mariano Fortuny, autor del famoso lienzo “El Zoco de Tánger”,  Henry Matisse que se hospedad en el hotel Ville de France, desde cuya ventana pintaba sus pinturas marroquíes, Francis Bacon, o el chileno Claudio Bravo.

Tánger era también un centro financiero internacional

Por allí recalaban millonarios y millonarias excéntricos como Bárbara Hutton, cuyas fiestas en su mansión de las colinas nada tenían que envidiar a las organizadas por Onassis. La ciudad estaba llena de bazares, cafeterías de estilo parisino,  zocos y las callejuelas serpenteantes… Todo ello, más su ambiente internacional y cosmopolita, la hacían un destino irresistible.

Bañada de una luz especial, Tánger era conocida como la “ciudad de los sentidos”. En 1923 la ciudad estrenaba su Estatuto Internacional, convirtiéndose en unos de los centros neurálgicos de la vida moderna y social de la época. En realidad Tánger fue desde finales del siglo XIX hasta la década de los años 60, una ciudad fuera de lo común, alocada, y despilfarradora, donde se dieron cita todos los personajes importantes del momento. Por el Tratado de Algeciras de 1906, Tánger pasó a ser administrada bajo la fórmula de condominio por los países firmantes del Tratado.  En 1945 el general Franco ocupó militarmente Tánger. La situación no fue aceptada por ninguna de los países firmantes del Tratado, excepto la Alemania del Tercer Reich que, de hecho envió, un cónsul. Con el avance de las tropas aliadas por el norte de África, el ejército de Franco se retira de la ciudad, y Tánger se declara como ciudad abierta, volviendo a ser un condominio.

En los años 40 y durante la Segunda Guerra Mundial

Tánger se convirtió en una ciudad de refugiados que escapaban de Europa, muchos de ellos judíos perseguidos por los nazis. La ciudad se convirtió en un hervidero de agentes de los diferentes servicios secretos de las potencias enfrentadas en la guerra. La atmósfera de Tánger por aquellos años pudo ser muy parecida a la descrita en la mítica película Casablanca de Michael Curtiz, rodada en 1942.

El periodo internacional de Tánger se ha convertido ya en un episodio mítico en la historia de la ciudad. Tánger se convirtió en una abigarrada ciudad  repleta de contrabandistas, desarraigados, exiliados y fugitivos, emigrantes, busca vidas, espías, artistas, profesionales, empresarios, comerciantes, banqueros, millonarios…Para la mayoría de ellos, Tánger, era una ciudad de oportunidades, una ciudad de tránsito, o una ciudad para trabajar y vivir.  Urbanísticamente la ciudad se llenó de barrios residenciales de estilo europeo, de amplias avenidas y bulevares, cafés y restaurantes, centros educativos extranjeros, hospitales, hoteles de lujo, suntuosas villas y palacios… En este sentido no cabe duda que el periodo internacional de Tánger trajo a la ciudad modernidad y prosperidad.  El dinero fluía en la ciudad, se cerraban tratos y negocios internacionales, lo que hizo que rápidamente los bancos internacionales que se instalaran en la ciudad.

Tánger se abrió al mundo a través de su puerto, donde recalaban cruceros de lujo y mercantes. Las principales navieras internacionales abrieron oficinas en la ciudad. A su puerto, llegaban barcos y viajeros de todo el mundo. La ciudad se fue transformando en un microcosmos cosmopolita de gran diversidad étnica que experimentó con el paso de los años  y, especialmente, en los años 50 un enorme desarrollo económico, social y cultural.

Con la independencia de Marruecos en 1956

Se inicia un proceso de reintegración de los enclaves territoriales en manos de potencias europeas al reino de Marruecos.  Tánger se incorpora al país en abril de 1960, con el reconocimiento internacional.

A pesar de haber sido durante años una ciudad internacional y cosmopolita, la influencia española es notable. La colonia española era el grupo más numeroso entre sus habitantes. La peseta, una de las monedas de cambio habituales, y el español era una lengua muy utilizada en la ciudad.

Quizás el símbolo de la presencia española en Tánger sea el gran Teatro Cervantes. Se inauguró en 1913, y fue en los años 50 cuando tuvo su periodo de esplendor. Por allí pasaron Carusso o Imperio Argentina, por citar dos grandes artistas de la época de los años 40. En aquellos tiempos del Tánger internacional, más de 50.000 españoles encontraron refugio en la ciudad huyendo de la España gris y dictatorial de Franco.

Junto a la comunidad española, destacaba también en la ciudad la comunidad francesa, seguida ya por una comunidad internacional donde se mezclan numerosas nacionalidades.

Uno de los grandes escritores tangerinos, Mohamed Chukri, fallecido en 2003, simboliza el espíritu de los tangerinos y su relación con esta ciudad tan especial.

Chukri estuvo en Tánger durante los años 50, donde apenas siendo un niño, estuvo sobreviviendo en las calles rodeado de miseria, violencia, prostitución y drogas. Huyó de la ciudad para volver en los años 60. En esa época conoció al Bowles, Jean Genet y Tennesse Williams. Ciertamente el Tánger que nos describe Chucki no tiene nada que ver con el glamour y el refinamiento del Tánger de los millonarios europeos que iban a la ciudad a divertirse, o a hacer negocios.

La realidad es que Tánger siempre ha tenido dos caras: la opulencia, el lujo y sofisticación de la sociedad internacional, junto a la miseria y pobreza de muchos de sus pobladores.  Esta realidad, descrita por Chukri en algunos de sus libros como “El pan desnudo” no es cómoda para los que piensan que Tánger fue un caso único en el mundo de convivencia, tolerancia y multiculturalidad.

No cabe duda que Chukri desmontó la visión de la ciudad mítica que tenía Bowles y muchos otros intelectuales extranjeros. Chucki bajó a la realidad, y nos habla de submundos de pobreza, marginalidad, droga, coexistentes a ese otro mundo idealizado de los extranjeros.

Junto al Tánger cosmopolita, siempre existió la otra cara de la moneda. Muchas veces la pobreza de los marroquíes contrastaba poderosamente con la riqueza y despilfarro de los europeos que llegan veían Tánger como una ciudad libertina donde todo era posible.

No obstante flota en el aire una especie de nostalgia por volver a recuperar aquella época maravillosa y irrepetible de Tánger, que permanece en la memoria colectiva de los tangerinos. Muchos son los que desean volver a darle a la ciudad el lustre y el encanto perdido, tan añorado.

Hoy día Tánger sigue siendo uno de los principales destinos turístico de Marruecos

La imagen de ciudad exótica, tolerante, abierta, se sigue manteniendo de forma poderosa. El Tánger actual es una vibrante ciudad, que se abre al futuro con nuevos proyectos de calado internacional, como el nuevo puerto de Tánger Med, nuevos proyectos turísticos, e inversiones en infraestructuras.

Junto a la modernidad actual todavía es posible rastrear en Tánger las huellas de su esplendoroso pasado, mezcla entre la cultura africana y europea, como el Boulevard Pasteur, donde apreciaremos  la diversidad que existe en la ciudad viendo pasear a sus gentes, o la Medina, el barrio antiguo, con sus calles laberínticas.

En Tánger existe una catedral católica, junto a las mezquitas, signo evidente de la tolerancia religiosa. Las distintas nacionalidades que habitaron en Tánger fueron también construyendo sus monumentos icónicos, muchos de los cuales perduran hoy día, como el ya nombrado Teatro Cervantes, el Hospital Español, el Hospital francés…

El café Hafa, uno de los lugares con más encanto donde ya se reunían Paul Bowles con sus amigos a fumar kif, o el café Paris, otro de los lugares legendarios de Tánger, en la Plaza de Francia. Cuenta la leyenda que este café era un nido de espías durante la Segunda Guerra Mundial.

Otro lugar mítico de Tánger, el Café Central en el zoco chico, también frecuentado por Bowles en los años 50.

O el barrio americano, con sus chalets, lugar preferido para vivir por la numerosa colonia anglosajona de la ciudad.

En el viejo café Le Détroit, cantaron los Rolling Stone, y se tomó un aperitivo Rita Hayworth, acompañada por Truman Capote, una noche que se perdieron por Tánger.

Tánger, sigue siendo esa mezcla hipnótica de lo occidental y lo oriental, de lo europeo y lo marroquí… Pocas ciudades del mundo han podido conjugar tan perfectamente arquitectura, historia, cultura, religión… creando un espacio tan singular. Quizás en la otra punta del Mediterráneo, Estambul sea la hermana gemela de Tánger.

 

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